viernes, 12 de mayo de 2017

Exhibicionistas xxx, una visión sencilla de la vida



A pesar de que los rompecabezas me encantan y soy el primero en admitirlo, no dejo de reconocer que la gente que tenemos esta afición, tenemos tendencia a complicarnos la vida. Nos gustan las cosas complicadas, el resolver enigmas que a simple vista parecen irresolubles, y el hacer un todo de algo juntando pequeñas piezas (ése es precisamente el quid de la cuestión, jeje). De hecho, muchos de mis colegas que comparten mi misma pasión por estos juegos, y yo mismo, estamos enganchados a la literatura y el cine de misterio: Hitchcok y Arthur Conan Doyle son nuestros ídolos como comprenderéis, pero en general nos atrae todo aquello que suene a "sin resolver", y la verdad es que se nos suele dar bastante bien.

Lo dicho, no gusta lo complicado. Por eso, para mí ir a una playa naturista se me hace lo más cuesta arriba del mundo, y no por vergüenza ni por falso pudor, sino porque me es imposible imaginar la simplicidad de estar delante de gente totalmente en bolas. Y es algo que sufro mucho, porque al menos una vez cada verano, mi novia insiste en ir a una de estas playas, porque a ella le encanta hacer nudismo, y claro, me toca acompañarla. A ella no le van demasiado los rompecabezas, sus ideas de diversión son más mundanas y de complicaciones más simples, lo cual, estoy seguro, la hace disfrutar mucho más de las cosas sencillas de la vida. Pero por mucho que intenta hacerme comprender lo fácil que es disfrutar del mar y del sol sin llevar nada encima, se me hace cuesta arriba aceptarlo sin más; aunque, eso sí, disfruto como un enano al verla totalmente desnuda y gozando de ello, porque ella si que sabe hacerlo muy bien.

Pero lo que no entiendo es la afición que puede tener alguien a practicar sexo en publico. Eso sí que no puedo comprenderlo, y vuelvo a repetir, no por vergüenza precisamente; pero es un asunto que me parece muy íntimo, y no me gusta la idea de exhibirlo ante nadie. Y no me refiero al típico calentón que te da en el momento y lugar más inesperado, y que por accidente alguien descubre pro casualidad; no, estoy hablando de la verdadera necesidad de disfrutar del sexo sabiendo que alguien te ve, y que sea imposible hacerlo de otra manera.

No soy de los que dan sermones ni se meten en las vidas ajenas; pero, definitivamente, el ser un exhibicionista xxx no es para mí.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Bienvenidos a mis rompecabezas favoritos

Los rompecabezas (así llamados en castellano, trencaclosques en catalán) han sido siempre mi debilidad. De pequeño y con sólo 5 años, cayó en mis manos un cubo de rubik, y yo creo que ahí precisamente empezó mi perdición por este tipo de juegos. Tardé años en controlar este aparato y conseguir emparejar todas las caras del mismo color, y aunque mi nivel no llega para salir en la tele como tantos otros, sí que me sentí muy orgulloso al fin de haber conseguido superar mi propio reto personal.


Pero no sólo me apasioné con el cubo de rubik; cualquier puzzle infantil era bueno para llamar mi atención y hacerme dejar lo que estuviera haciendo para intentar montarlo, y conforme fui creciendo empecé a sentir una gran emoción conforme iba haciendo mis desafíos más difíciles: puzzles de 100 piezas, de 500, de 1000... hasta 3000 ha llegado mi obsesión, fíjate lo que te digo.
Y ahora, con la tecnología digital, las cosas se me han puesto más al alcance de la mano que nunca. Cualquier dispositivo que se precie tiene una buena cartera de juegos instalados, y la mayor parte de las veces gratuita, que me permite poder llevar mi afición conmigo a cualquier parte que vaya. Ahora, no hay ningún problema para hacer un puzzle en cualquier sitio que te apetezca: esperando el autobús, en un atasco de carretera, tomando un café en tu bar favorito o incluso escuchando a un petardo de turno, al que la educación no te permite mandar a paseo pero que no se siente menospreciado u ofendido si te pillas el móvil y haces como que le escuchas.
En realidad, para mí los rompecabezas son, más que juegos en particular, problemas, acertijos o enigmas en un sentido más general. Sudokus, crucigramas, tres en raya, tangram... todo ello me fascina, y lo mejor es que nuestra cultura milenaria hace que podamos disfrutar de esta clase de juegos procedentes de cualquier parte del mundo. Por eso, ahora y gracias a Internet y a la tecnología móvil, podemos conocer un montón de formas diferentes de rompecabezas, y echar un vistazo al ingenio de algunos países asiáticos, que fueron cuna de sabios y de culturas mucho más desarrolladas que las occidentales.
Y ahora, no dejéis de visitarme y descubrir el maravilloso mundo de los trencaclosques, jeje.